Era una vez el tiempo y el silencio, la completa paz del universo, y la soledad enloquecedora del ser llamando a la comprensión, la compañía, la entrega, la Vida y la hermosa Música. Dentro de si sólo debió existir el anhelo para volverse eterno, y la desesperación se creyó a si misma enviando a la Locura en un disparo al infinito. El ser se sintió acompañado y ya no pudo evitar haberse sentido abandonado, así buscó el consuelo y así debió existir otro ser, porque es el motor inmóvil, el elegido, el favorito, nuestro bien amado. Luego vino dentro suyo la necesidad de compartir, porque la vergüenza de estar en silencio al lado de lo deseado es un desprecio, y habló, rompió el tiempo con su silencio, su comunicación se transformó en imágenes, todo lo que él pudo crear para ella, en sus ojos alcanzó la vida. Y ella lloró y rió al unísono, lloró de felicidad, y con su humildad mostró gratitud, pues sintióse poca cosa, pero de su centro brotaron notas por la gracia de su gracia, mostrando todos los colores, y su canto fue la sustancia que puso un alma a las cosas. Así ella dio vida ante él, y en él creció la excitación y con ella lo compartió, así juntos crecieron hasta la madurez del "ser dos unidos en armonía". De su mente él entregó su calor para crear la idea perfecta y ella con sus ojos lo enfrió para ponerlo en equilibrio, y él conociendo su propia gracia, en imagen se mostró, igual a ella igual al sol, y él se movió para tocar la punta de uno de sus pechos con un delicado dedo para que ella como no se conocía, se conociera y así se conoció. Ellos quedaron desnudos y suspendidos en el tiempo, rodeados de la magia que ella de su centro creó, y volaron y se desplazaron en el centro del estar, llenándolo todo con sus movimientos para dar gracias al tiempo y le dejaron el paso abierto hasta el sol. Divertido fue entonces desconfiar de éstos dos nuevos amigos cuando están juntos, pues se divirtieron jugando y se hicieron el amor, creando un color nuevo, algo que ninguno de los dos creó, la tierra ante sus ojos apareció y viéndose como niños todos, los dos primeros hacia la madurez se acercaron para ver con ojos serios lo que habían creado, la tierra los retó y el primero, el ser, el más puro, todo lo creyó, por eso hasta el día de hoy dentro de nuestros cuerpos escuchamos el perdón de la tierra por haber imprimido para siempre en sus ojos el dolor, y aunque ella se rejuvenece para mostrarle su gracia, no hay consuelo para nuestro señor, lo que es una vez tan fuerte e intenso como la inocente pero seria fe, eterno es en el amor.
Continuará...

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